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La ilusión que nos condena

[Cuento corto]

Gabriel Peregrina

-¿Que harían si se les concediera solo un deseo o un sueño en esta vida? Preguntó Gabriel a los dos entrevistados de aquel día.
-Se podría pedir por un montón de cosas en este mundo, pero yo sólo pediría por algo que venimos deseando mucha gente hace mucho tiempo, para ser más exactos hace ya aproximadamente 20 años de ese ascenso en san Rafael frente a huracán- respondió Pedro algo entristecido
-Yo no sé, mucha nostalgia al recordar aquel partido del año ‘97 pero en general pediría porque ganemos un tercer mundial con la celeste y blanca- respondió Juan el segundo entrevistado
-Eso es muy bueno también, pero ver la alegría de mi pueblo albirrojo no se compara con nada- exclamó Pedro reafirmando su respuesta anterior.
Los minutos pasaban y la charla se iba enriqueciendo cada vez más, con grandes anécdotas y recuerdos de estos dos personajes. Sentados en el living de Juan, charlando de fútbol mendocino y hablando del porque había sido tan injusto el fútbol con el glorioso San Martín de hace muchos años, aquel San Martín que salía a jugarle de igual a igual a cualquier equipo de Argentina, ganándose así el respeto de muchos equipos de la ciudad de Buenos Aires, las estadísticas presentan al chaca como el primer equipo de Mendoza en ganarle a uno de los 5 grandes del país. Hoy en día no está pasando por un buen momento futbolístico ya que se encuentra en la cuarta categoría del fútbol argentino.
Al pasar los minutos llegó Mirta, la señora de Juan, nos ofreció café y servilletas para alguna que otra lágrima que secar.
-¿Chicos que les parece si les sirvo café con una buena ración de bizcochuelo? Preguntó Mirta entre risas
Los 3 automáticamente dijimos que sí, eran ya casi las 21 horas y nuestro estómago pedía ingerir un poco de alimento.
Volví a tocar el tema de cuál era el deseo personal de cada uno, Pedro seguía firme con su petición mientras que Juan le ayudaba a Mirta en la cocina entre risas al escuchar nuestra conversación.
Pedro Insistía, -Mira que tuvimos varias oportunidades de volver a ascender, una de ellas fue contra Talleres de Córdoba allá cerca del año 2001, eran bravos los cordobeses, nosotros como siempre llenamos el estadio (Malvinas Argentinas, estadio mundialista de Medoza) ya que en nuestra cancha era imposible de jugar con la gente que iba querer ver ese partido. Lamentablemente se nos escapó, por muy poquito.
De allá a lo lejos se escuchó a  Mirta recordar: - Se acuerdan del día en que salieron como 8 horas antes a Mendoza, yo a Juan no le creía que iban a la cancha, ¿Para qué tan temprano? Me preguntaba, sin embargo al prender la tv cerca al horario del partido vi la cantidad de gente y la magnitud del sentimiento por estos colores, el camarógrafo como si supiera en una de las imágenes enfocó a la tribuna de San Martín y allí pude ver a mi marido, esas imágenes me dejaron mucho más tranquila- entre risas Mirta recordaba un partido mientras nos servía el café.
-Ese partido fue otro de los que nos jugamos el ascenso- dijo con todo orgullo Juan- Salimos de acá a las 11:00 horas de la mañana, el partido era a las 18:00 horas pero se esperaba mucha gente para aquel día, una nueva final para ascender a la primera división del fútbol argentino, nos enfrentábamos a los porteños esta vez, Huracán de Parque Patricios el famoso Globo de Buenos Aires, claramente tenían mucho mejor juego colectivo que nosotros, sin embargo confiábamos en que nuestro equipo lo iba dejar todo en la cancha, ese día el partido terminó 2-1, perdimos sí, pero quedaban esperanzas ya que estos partidos generalmente eran ida y vuelta primero en tu cancha y después en la mía o viceversa.
-Me acuerdo de ese viaje, imposible no recordarlo- con lágrimas en los ojos Pedro parecía salirse de sí mismo recordando todo esto- aquel día salimos un día antes en la camioneta de un vecino chacarero como nosotros, un larguísimo viaje pero más larga y más grande era la ilusión nuestra de ver a San Martín en primera división codo a codo con los grandes de primera como River, Boca, Independiente, Racing y el viejo San Lorenzo de Almagro. Recuerdo haber pedido el día en mi trabajo para ir a la cancha, sí a Buenos Aires una vez más como hacía tan poquito tiempo frente a Talleres de Córdoba se nos presentaba la oportunidad de Ascender a primera división.
-¿Te acordas como llovía cuando llegamos? Preguntó retóricamente Juan
-Si Juan, imposible olvidar todo eso imposible no recordar las grandes época de nuestro querido San Martín. - Bueno sigo con la historia expresó Pedro nuevamente con lágrimas en los ojos ante la atenta mirada de Mirta analizando que clase de sentimiento y de pasión era esa tan profunda que los hacía volverse locos con el simple hecho de recordarlo- aquel día llovía muchísimo como dijo Juan, estaba en duda el comienzo del partido nosotros queríamos que se jugara habíamos hecho tantos km para ver a nuestro equipo y una postergación del partido hubiese sido fatal. La cancha parecía un chuiquero- entre risas- no se podía jugar, de todas maneras San Martín salió y jugó un muy buen primer tiempo, presionando el rival y atacando por las bandas, les habíamos encontrado el punto débil y así fue que llegamos al primer gol, no sabes cómo estaba la cancha había un barro increíble y muchísimas agua en el campo de juego, nosotros habremos sido unos 250 locos por San Martín que estábamos allí firme a nuestros colores, y por momentos nos escuchamos más que la hinchada local que no podía creer lo que estaba viendo. Ese día el partido terminó 1-0 ganamos nosotros, sí en Buenos Aires- pareció haberse inflado el pecho de Pedro- sin embargo una vez más nos quedamos con las manos vacías debido a el reglamento de fútbol que esta vez le daba la mano derecha a Huracán porque ellos habían hecho dos goles de visitantes, nosotros tan sólo uno, el resultado global fue 2-2 pero quedamos en desventaja debido a los goles de visitante marcados por ambos equipo, si nos faltó un gol ese día aunque no lo creas-con lágrimas en los ojos se tomaba un gran sorbo de café amargo Pedro, desbordado en tristeza o nostalgia no supe definir muy bien que era.
Juan consolaba a su gran amigo y compañero Pedro, afirmando que las buenas iban a volver y que iban a dejar de ver a San Martín en la cuarta categoría del fútbol argentino.
Llegó el momento de hablar de la actualidad, muy enojados los dos ofrecieron sus dos puntos de vista diferentes, pero los dos llegaban a la misma conclusión, habían dejado de ir a la cancha debido a las malas dirigencias y al desapoyo de algunos empresarios de la zona, San Martín se había convertido en lo que hoy es, un club de la cuarta categoría del fútbol argentino, muy recordado y conocido por gente mayor de 40 o 50 años en todo el país  y muy olvidado para la adolescencia, debido a su presente futbolístico.
 Ya habiendo terminado mi café y mi ración de bizcochuelo, proseguí a retirarme de la casa con mucha información en mi cabeza y con muchísimas anécdotas, cuando de repente fui sorprendido por Pedro, quién comenzó a interrogarme y para sacarse la duda me dijo:
-Te voy hacer una sola pregunta y quiero que me respondas con toda la sinceridad del mundo- muy serio pensó un par de segundos la pregunta y sin filtro me dijo ¿Cuál es tu sueño pibe? vos que sos un adolescente de 19 años me gustaría escuchar tu sueño, o tu deseo como vos nos preguntaste.
Con más firmeza que dudas le dije- Voy a pasar a contarte una historia que va ser difícil de creer.
-Espera que busco más café entonces- fue la acotación de Juan  entre risas. Volvió con el café y los dos se acomodaron para escuchar atentamente mi sueño o mi deseo mejor dicho.
-Hasta la final del mundial del 2014 coincidía con Juan, en ver a la selección Argentina campeón del mundo, ya que con mi corta edad no había podido disfrutar de un campeonato mundial con mi país, sin embargo terminé muy desilusionado y muy triste debido a la derrota por 1-0 frente a la selección de  Alemania, aquel día había sido un trago amargo de tomar para mi vida, con 16 años me había quedado con la ilusión en la mano. Hace varios años voy a la cancha, mi viejo fanático de San Martín me llevó por primera vez a los 3 años y así fui enfermándome de a poco con este sentimiento que no termina jamás. Al siguiente mes de haber finalizado el mundial, mi sueño o mi deseo cambió totalmente, comencé a coincidir con tu sueño Pedro, sí… el de ascender con San Martín, el sentirme identificado con el equipo, el pensar que todo esto era posible a todo esto seguía yendo a la cancha. Fiel a los colores y al legado que mi viejo me va dejar el día que no esté más físicamente entre nosotros.
Ante la atenta mirada de ambos seguí contándoles mi sueño.
-Llegó el 2015, como todos los años la ilusión volvía rodar en mi cabeza, el ser campeón el de ascender y ver al pueblo albirrojo desbordando de felicidad, el primer partido lo perdimos, el segundo también, el tercero lo empatamos habíamos sacado un punto de 9 en juego, sin embargo la gente seguía yendo a la cancha a apoyar al equipo como todos los años. Pero ese año iba ser muy particular para el hincha chacarero, ese año San Martín tras hacer una gran campaña llegó a una final para ascender a la tercera categoría de fútbol.
 Llegó el partido de ida, un domingo a las 18 horas de la tarde era, decidimos salir el sábado a la 1 de la madrugada, hicimos varias paradas  llegamos el otro día a la 13 de la tarde tiramos unas carnes a la parrilla y acompañados de un buen vino tinto como todo mendocino esperábamos ansiosos el partido.
Juan y Pedro no me sacaban los ojos de encima, observaban cada detalle y cada palabra que salía de mi boca.
-Llegó el horario del partido, ingresamos a la cancha alrededor de 700 personas, nos alojamos en una de las tribunas que esta atrás de uno de los arcos, el rival: Defensores de Pronunciamiento de Entre Rios, un durísimo rival que llegaba a la final con buenas intenciones de ascender, nosotros también nos postulábamos como candidato, comenzó el partido con un San Martín muy nervioso, a los pocos minutos jugados del primer tiempo llegó el gol del equipo local, fue un puñal para  nosotros, sin embargo seguimos cantando y siendo fiel a estos colores, llegó el segundo gol y la ilusión parecía caerse una vez más. El equipo pudo acomodarse al rival y supo plantarse en la mitad de la cancha donde el juego fue más disputado, pasaban los minutos y nuestro gol no llegaba  hasta que al final del partido llegó nuestro gol, si en el minuto de descuento, nos traíamos un 2-1 de visitante, sabiendo que la vuelta era en tan solo 3 días y en nuestra casa con nuestra gente, seguimos cantando dejando impresionados a el pueblo de pronunciamiento que parecía no entender nuestra locura.
 Volvimos de aquel viaje, con la ilusión de que en casa no se nos podía escapar, veníamos de hacer 4 goles en la semifinal de local y uno de visitante en el partido de vuelta, teníamos que hacer sólo un gol estaba todo dicho, era “nuestro año”.
Llegó el miércoles, 30 de diciembre de 2015 es una fecha que nunca olvidaré, aquel día el pueblo sanmartiniano se vistió de rojo y blanco, faltaban 3 horas para el comienzo del partido y ya había gente dentro del estadio buscando los mejores lugares para no perderse nada, llegó el momento de ingresar y ver el espectáculo de fútbol, seguíamos firmes con nuestra ilusión, tras un gran recibimiento de la hinchada comenzó el partido, la gente desbordaba de las tribunas, alrededor de 15.000 personas alentaban al chacarero mientras que unas 150 apoyaban al equipo visitante, fue un partido muy bravo, no supimos controlar al rival que claramente era mucho mejor que nosotros, nuestros jugadores desconcertados no podían creer lo que estaban viendo, los incidentes en la tribuna nuestra fueron el grave error, se desconcentraron nuestros jugadores pidiendo calma. Los minutos pasaban y nuestro gol no llegaba, y lo peor es que llegó el gol de ellos, sí perdíamos 1-0 en casa ¿Quién lo iba pensar? Otra vez nos quedábamos con las manos vacías, otra vez mi ilusión y mi deseo se veían cada vez más lejos de lo acordado.
Juan y Pedro relataban que habían dejado de ir a la cancha debido a unos problemas con la dirigencia y en sentido de desapoyo no asistían a los partidos, a esa final del 2015 tampoco habían asistido entonces era más concentrada su mirada hacia mí.
-Aquel día terminó el partido, todos decían que habíamos perdido, y sí habíamos perdido era increíble, desbordé en lágrimas, mi glorioso chacarero el equipo del que mi papá me había hecho hincha desde muy chuiquito una vez más se estaba quedando con las manos vacías, perdimos los dos partidos, el de ida 2-1 y la vuelta en casa con 15.000 personas haciendo fuerza la pelota no quiso entrar para nosotros perdimos 1-0. Aquel día recuerdo haber salido de la cancha con mi papá, no hablábamos muy tristes íbamos camino a casa no lo podíamos creer, fue una sensación distinta, todo había terminado no sólo el partido, no teníamos interés en nada, llovía un poco que  hacía más triste aún la derrota.
-Llegué a mi casa y no se movía ni una mosca, nadie decía ni una sola palabra, de inmediato me fui a mi pieza, a la hora llegó mi vieja preguntándome si quería comer algo, hambre no tenía, me quedé en la cama mirando el techo pensando en esa ilusión y en ese deseo que una vez más había sido acabado para mí y para mucha gente de San Martín. Pasó ese día y también el siguiente, muy triste seguía pensando en eso, no podía sacarme de la cabeza esas imágenes, pero mi lugar estaba allí, asumiendo la derrota hecho pedazos pero die pie muchachos, si no se sufre no se vale siendo de San Martín hubiera dicho mi abuelo.
A la campaña siguiente volví a ir a la cancha, volví a formar la nueva ilusión, era un campeonato nuevo y allí estaba como hace 15/ 16 años atrás, con mi viejo al lado preguntándonos que era lo que nos hacía volver a la cancha todos los años sin importar los resultados ni la categoría en que estemos, estábamos ahí y no sabíamos porque lo único que teníamos bien en claro era que nunca íbamos abandonar estos colores, es un legado que viene de muchas generaciones me dijo mi viejo casi al borde del llanto en la mismísima popular en el mismo lugar que nos poníamos siempre ahí, al lado del  portón de la platea, terminó el partido… aquel día comenzamos el campeonato con el pie derecho y nos miramos y descubrimos de lo que era San Martín y de lo que era esta locura y esta pasión tan absurda y tan grande a la vez.
Pedro y Juan llorando me dieron su opinión:
-Que buena historia pibe, la verdad me has hecho cambiar de sueño, mi sueño se convirtió en el tuyo y en el de Pedro, de ahora en más voy a volver a ir a la cancha San Martín me necesita más que nunca mi equipo, pero que tonto fui al abandonarlo- entre muchas lágrimas expresó Juan, totalmente conmovido por mi relato  
Por otro lado Pedro lloraba desconsoladamente y no podía darme su opinión, un vaso de agua llegó por parte de Mirta que parecía no entender nada de lo que estaba pasando, tomó un sorbo de agua y se animó a darme su opinión
-Gabriel me has hecho llegar a las lágrimas como nunca había llegado, eh decidido volver a la cancha con vos Juan, vamos a volver a ese mismo lugar de siempre vamos a volver a estar ahí nuestro chacarero nos necesita, así como vos deberían haber un montón de pibes más.
Muy contento con lo que me decían les dije:
-Muchachos, somos hinchas de San Martín estamos acostumbrados a sufrir y a seguir a estos colores a todos lados, vuelvan a la cancha hay un amigo que nos necesita, vuelvan a ver el folclore en las tribunas, vuelvan a ver los chicos de 4/5 años acompañados de su padre y de su abuelo, si tres generaciones en una sola imagen algo increíble y hermoso de presenciar, y lo más importante vuelvan a formar esa ilusión que tenían antes vuelvan a pensar en que vamos a estar codo a codo con los de primera vuelvan a sentir vuelvan a creer en el gran chacarero del que todo el país conoce, soñar no cuesta nada y quién te dice que con tu sueño Pedro y tu sueño Juan y el mío y el de mi viejo y el de muchos más logramos ese tan ansiado y esperado ascenso.
Si hay algo de lo que estoy seguro es que el fútbol y la vida nos dan revancha siempre en todo momento y si hoy estamos muy abajo el día de mañana podemos estar muy arriba pero necesitamos algo que nos empuje día a día un sueño, un deseo, una ILUSIÓN QUE NOS CONDENA de por vida.
Después de haber contado mi deseo o mi sueño, decidí retirarme de la casa entre lágrimas, como Pedro y Juan dos grandes y viejos hinchas chacareros que habían visto al mejor San Martín de la historia, yo no tuve esa oportunidad pero en lo que coincidíamos los tres era en que el próximo campeonato íbamos a volver a ir a la cancha y siempre con la nueva ilusión que nos condena. 

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